Rev. de Letras, Araraquara, v. 65, n. 00, e026003, 2026. e-ISSN: 1982-5587
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TIEMPOS Y ENGAÑOS EN EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA DE
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
TEMPOS E ENGANOS EM EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA DE
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
TIMES AND DECEPTIONS IN EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA BY
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Pol Popovic KARIC
1
Cómo hacer referencia a este artículo:
KARIC, Pol Popovic. Tiempos y engaños en El coronel no
tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez. Rev. de
Letras, Araraquara, v. 65, n. 00, e026003, 2026. e-ISSN:1981-
7886.
| Enviado en: 10/02/2026
| Revisiones requeridas en: 02/03/2026
| Aprobado el: 05/06/2026
| Publicado el: 17/06/2026
Editora:
Profa. Dra. Claudia Fernanda de Campos Mauro
1
Tecnológico de Monterrey, Monterrey Nuevo León México. Profesor investigador. Departamento de Estudios
Humanísticos, Campus Monterrey.
Tiempos y engaños en El coronel no tiene quien le escriba de Gabriel García Márquez
Rev. de Letras, Araraquara, v. 65, n. 00, e026003, 2026. e-ISSN: 1981-7886
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RESUMEN: En este artículo, el tiempo se utiliza como el eje central de la novela de Gabriel
García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba. El personaje principal espera su pensión,
y otros personajes comentan y evalúan su anticipación. Las decisiones y actitudes principales
de los personajes dependen de su manejo del tiempo, el cual puede comprimirse o expandirse.
Cuando el tiempo se comprime o se anula, prevalece el optimismo y la llegada de la pensión se
vuelve segura. Sin embargo, cuando el tiempo se convierte en una espera interminable, el
optimismo se instala y los personajes cuestionan el propósito de esperar. El lector tiene la
posición privilegiada de contemplar ambas perspectivas sobre el tiempo, lo que le permite
evaluar las nociones de realidad de los personajes.
PALABRAS CLAVE: El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez. Tiempo.
Literatura colombiana. Kierkegaard.
RESUMO: Neste artigo, o tempo é utilizado como eixo central do romance Ninguém escreve
ao coronel, de Gabriel García Márquez. O protagonista aguarda a sua pensão, e outras
personagens comentam e avaliam a sua expectativa. As principais decisões e atitudes das
personagens dependem da sua compreensão do tempo, que pode ser comprimido ou expandido.
Quando o tempo é comprimido ou anulado, o otimismo prevalece e a chegada da pensão torna-
se certa. Contudo, quando o tempo se transforma numa espera interminável, o pessimismo
instala-se e as personagens questionam o sentido da espera. O leitor encontra-se na posição
privilegiada de contemplar ambas as perspectivas sobre o tempo, o que lhe permite avaliar as
noções de realidade das personagens.
PALAVRAS-CHAVE: Ninguém escreve ao coronel. Gabriel García Márquez. Tempo.
Literatura colombiana. Kierkegaard.
ABSTRACT: In this paper, time is used as the central axis of Gabriel García Marquez’ novel
El coronel no tiene quien le escriba. The main character is waiting for his pension, and other
characters comment on and evaluate his anticipation. The major decisions and attitudes of the
characters depend on their understanding of time, which can be compressed or expanded. When
the time is compressed or cancelled, optimism prevails, and the arrival of the pension becomes
certain. However, when time becomes an endless wait, pessimism settles in, and the characters
question the purpose of waiting. The reader has the privileged position of contemplating both
views on time, which allows him or her to evaluate the characters’ notions of reality.
KEYWORDS: El coronel no tiene quien le escriba. Gabriel García Márquez. Time. Colombian
literatura. Kierkegaard.
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Introducción
El tiempo en El coronel no tiene quien le escriba ha servido de base para la creación de
autoengaños, desengaños y evasiones de la realidad. Estos intentos de modificar las
perspectivas y las situaciones de los personajes iban produciéndose de manera realista e irónica.
Los distintos modos de interpretar el paso del tiempo y actuar de manera consecuente han
ubicado a los personajes y al lector en dos campos: el de los eirones, que son capaces de evaluar
de manera concreta la realidad, y el de los alazones, que viven en ilusiones y autoengaños
(Vallart, 1994, p. 39-59). La dinámica de la novela de Gabriel García Márquez no ha permitido
a los protagonistas permanecer en la misma categoría, la de eirones o alazones, porque en varias
ocasiones cambiaron sus posturas y, por tanto, sus categorías.
Las interpretaciones de la línea del tiempo por parte del lector le permiten formar una
opinión sobre las razones que llevaron al coronel a un estado de aislamiento ante los demás
personajes. Los tiempos imaginario y real son dos nociones que el lector debe descifrar para
entender a los personajes y sus actuaciones. En este trabajo, se analizará la tendencia a conservar
la misma interpretación del tiempo, al igual que la de cambiarla.
Como marco teórico de este estudio sobre las actitudes y los comportamientos basados
en el tiempo en El coronel no tiene quien le escriba, se han utilizado principalmente las teorías
y las investigaciones de Kierkegaard (1968), Booth (1974), Deleuze (1964), Ekman (1985),
Vallart (1994), Vrij (2008), Levine (2019), Trivers (2011) y Muecke (1969), entre otros.
El tiempo
La novela inició con la descripción de un mundo impermeable a los cambios
socioeconómicos que no existían más que en la imaginación y la expectativa del coronel. De
tal modo que este esperaba la carta que anunciaría el inicio de los envíos de su pensión.
Basándose en el tiempo, la voz del narrador reveló la trama de manera sucinta: “El coronel no
había hecho nada distinto de esperar. Octubre era una de las pocas cosas que llegaban” (García
Márquez, 1987, p. 7).
Las temporadas eran las únicas manifestaciones del paso de los años, y estas nunca
anunciaron la llegada de la carta sobre la pensión del coronel. Esta misiva seguía ocupando el
lugar preponderante en la imaginación y las conversaciones de este, pero el clima era el único
cambio que afectaba su estado de ánimo y su condición física.
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El paso del tiempo, marcado por el cambio de temporadas, no contribuyó con ninguna
modificación a la trama porque la carta que representaba el tema central de la novela nunca
llegó. La sucesión de temporadas solo enfatizó el estancamiento de la trama basada en la espera
y la esperanza del coronel. En la primera mitad del libro, el lector siguió el deterioro de la salud
del protagonista y de su esposa, uniendo su esperanza con la del coronel sobre un desenlace
positivo del asunto administrativo de su pensión.
En sus obras sobre la narrativa de Marcel Proust y, en particular, sobre la novela En
busca del tiempo perdido, Gilles Deleuze (1964, p. 114-132) y Georges Poulet (1963, p. 66-69)
describen la manera en la que un momento o el tiempo en general adquieren “elasticidad” y se
prolongan a través de la contemplación, la función de los sentidos y la reminiscencia de un
personaje. De tal modo que la temporalidad en la obra de Proust se extiende y cambia de capas
temporales porque una mente o un sentido se fijan en algo. Cuando esto ocurre, el tiempo real
parece detenerse para abrir camino a las contemplaciones metafísicas de los personajes. En
estos momentos, las actividades de los protagonistas se interrumpen y el tiempo real se
inmoviliza.
De manera similar a la elasticidad del tiempo en la narrativa de Proust, el coronel se
volvió cómplice de la inmovilización del tiempo. En una situación de poca importancia para la
trama, pero representativa del funcionamiento del tiempo, el coronel intentó inmovilizarlo para
contrarrestar el deterioro de su estado económico, mintiendo a su esposa sobre la existencia de
una cucharada de café: “Ya tomé mintió el coronel. Todavía quedaba una cucharada
grande” (García Márquez, 1987, p. 8). No quedaba ninguna cucharada, pero el coronel dio
marcha atrás al tiempo y lo inmovilizó en el momento en el que había suficiente café para
ambos. Así se conservó una cucharada de café en el mundo ilusorio del coronel y este la
compartió con su esposa a través de una mentira.
En Telling Lies: Clues to Deceit in the Marketplace, Politics, and Marriage, Paul
Ekman (1985, p. 90-94) describe la decepción como un engaño o la manera de aprovecharse de
alguien. Sin embargo, en El coronel no tiene quien le escriba, el coronel hizo uso de la mentira
para un propósito contrario. Intentó suavizar el sufrimiento y la desesperación de su esposa ante
la carencia en la que vivían. El engaño del coronel se manifestó como un atributo del cariño y
el deseo de menguar la pena de su esposa. Este utilizó los principios citados en la obra de
Ekman, hizo un esfuerzo para armar una mentira verosímil para el contexto en el que se
desarrollaba la trama y no vaciló en comunicarla a su esposa. Ekman sugiere que algunas
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mentiras son socialmente aceptables, pero en el caso del coronel, la mentira no solo fue
aceptable sino la manifestación de un esfuerzo por disminuir el tedio en la vida de su esposa.
El engaño relacionado con la mentira sobre la existencia de una cucharada de café se
asemejó a la ilusión del coronel sobre la llegada de la carta con la noticia acerca de su pensión.
En ambos casos, el tiempo fue detenido, como en la narrativa de Proust, para que la ilusión del
bienestar sobreviviera y facilitara la vida de los protagonistas.
Al inicio de la novela, el narrador describió el tiempo en un estado de inmovilidad y así
apoyó la visión del protagonista. Esta inmovilidad borró años de espera y desesperación del
coronel que hubieran puesto en duda la resolución de su asunto administrativo y la llegada de
la carta. Por otro lado, el tiempo real continuó su curso sin promover ningún cambio en los
procesos jurídicos que el protagonista emprendió a fin de conseguir su pensión.
En el artículo de Coleman y Kay, “Prototype Semantics: The English Word Lie” (1981,
p. 27), la definición del engaño consiste en la intención de una persona de impactar la mente
ajena y llevarla a creer en conceptos falsos o inexistentes. Este factor engañoso no se encontraba
en el mundo externo del coronel, sino en su interior. El estado de convicción del coronel era tal
que durante años había permanecido al lado de los almacenes del muelle, acechando los barcos
de correos en espera de su carta. La expectativa proveyó al coronel de la fuerza necesaria para
asegurar a su esposa que su salvación económica estaba a punto de realizarse.
A diferencia de la mentira relacionada con la cucharada de café, el lector no pudo
concluir si el coronel estaba consciente de la subjetividad de sus promesas sobre la llegada de
la pensión. En el caso de la cucharada de café, el narrador avisó al lector explícitamente que se
trataba de una mentira voluntaria del coronel. En los argumentos sobre la llegada de la pensión,
el estado de conciencia del coronel permaneció indefinido para el lector.
Según Lukács (1971, p. 112-115) y Booth (1974, p. 178-180), entre otros autores
contemporáneos, una característica clave de la ironía es la contradicción de los hechos. Según
estos estudiosos de la ironía, los elementos que constituyen una unidad narrativa o vivencial no
son compatibles. En el caso del coronel, no fue el tiempo real el que creó el ámbito irónico de
una espera contraria a las probabilidades; este era indiferente al asunto personal del coronel. Se
trataba del optimismo del coronel, que no coincidía con su situación real.
Así como Lukács y Booth subrayaron la incompatibilidad de los hechos como
fundamento de la ironía, en la trama de El coronel no tiene quien le escriba la esperanza del
coronel y la demora excesiva en la llegada de la pensión se revelaron incompatibles. La ironía
se basó en la esperanza porque esta no era congruente con la realidad de los hechos. Durante
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años, no hubo ningún indicio sobre los avances administrativos o jurídicos relacionados con la
pensión.
La noción de la contradicción de los hechos, incluida en diversas teorías sobre la ironía,
como las de Lukács y Booth, igualmente se reflejó en las definiciones del engaño que Miller y
Stiff plasmaron en Deceptive Communication (1993, p. 155-156). Según los estudios de estos
críticos, la persona que engaña provee a otra de información falsa sobre los hechos reales. En
el caso del coronel, la esperanza abrumó su mente y lo llevó por un camino de espera sin
fundamentos ni límites. La incoherencia de los hechos presentada en ambos casos, los de la
ironía y el engaño, moldeó la actitud y el comportamiento del coronel.
El tiempo real, que descontó años de vida de los protagonistas, tomó la forma de una
tela de fondo que permitió al abogado, a la esposa del coronel, al médico y al lector constatar
que la llegada de la carta era improbable o inexistente. La falta de noticias sobre el avance del
proceso administrativo indicó a estos personajes que la pensión era un producto surgido y
mantenido en existencia por la esperanza del coronel, y no por los hechos reales ni las
probabilidades.
En su obra Telling Lies: Clues to Deceit in the Marketplace, Politics, and Marriage,
Paul Ekman (1985, p. 130-132) señala que la mentira puede ser detectada, particularmente por
quienes prestan atención a los detalles en los comentarios y el comportamiento de los
embaucadores. Además, según Ekman, quienes son capaces de detectar las mentiras cotejan la
información presentada por los embaucadores con los hechos concretos para reconfirmar las
falacias.
La esposa, el abogado y el médico constataron que el coronel no había tomado en
consideración el paso de los años y siguió ilusionado por una expectativa basada en un
optimismo irreal. El tiempo hizo un alto en la mente del coronel, quien se aferró a la llegada
inminente de su misiva e ignoró la marcha del tiempo real. Un momento del pasado se adueñó
de su mente, como lo señalamos en la narrativa de Proust, mientras el tiempo real siguió su
curso.
Al indicar la inmovilidad del tiempo, excepto para un mes en particular, Octubre era
una de las pocas cosas que llegaban” (García Márquez, 1987, p. 7), el narrador apoyó la
perspectiva ilusoria del coronel, en cuya mente el curso del tiempo hizo un alto. De tal modo
que el tiempo fue detenido por el narrador y el protagonista, dándoles la impresión de que la
llegada de la carta no estaba fuera del lapso previsto para la realización de un proceso
administrativo relacionado con un asunto de este tipo.
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De improviso y en pleno desarrollo de la trama, el narrador dio un giro a la inmovilidad
del tiempo y reveló al lector su paso: “Casi sesenta años después [del tratado de Neerlandia
sobre las indemnizaciones] todavía el coronel esperaba” (García Márquez, 1987, p. 41). Al
liberar el tiempo de su inmovilidad, el narrador pareció traicionar al coronel. Al revelar el lapso
que había transcurrido entre la promesa de las pensiones y el presente de enunciación, el
narrador hizo evidente la incoherencia entre la esperanza del coronel y la realidad. Así, el
tiempo se convirtió en una herramienta que permitió a los personajes que rodeaban al coronel
intentar desengañarlo y sustituir su esperanza por el escepticismo sobre la llegada de su pensión.
Eirones: el médico, la esposa y el abogado
En el primer capítulo de Eironeia. La figuración irónica en el discurso literario
moderno, Pere Vallart informa al lector que los primeros registros de la ironía tuvieron lugar en
la Antigua Grecia y se dieron gracias a la pluma de Platón (Vallart, 1994, p. 39-59). Este filósofo
griego se propuso legar a la posteridad el razonamiento de su mentor Sócrates quien se basaba
en la dialéctica para cautivar la atención de sus contrincantes y dejarlos desarmados ante sus
argumentos. En los escritos de Platón, apareció la palabra eironeia (ironía) cuyos principales
actores eran el eiron y el alazon. El primero era astuto y versado en la dialéctica, a la imagen
de Sócrates, mientras el alazon era arrogante, ingenuo o corto de razonamiento. Estos dos
personajes han sido los pilares de la trama de la ironía socrática: el eiron se aprovechaba de su
inteligencia para desarmar y dejar atónito al alazon. (Vallart, 1994, p. 39-59).
Aplicando la teoría de Platón a la novela de García Márquez, el lector constata que, por
su posición en la sociedad y la confianza que le otorgó la familia del coronel, el médico encajó
automáticamente en el papel del eiron. Sus conocimientos científicos se complementaron con
su conocimiento de la sociedad, como ha sido el caso de Sócrates. En su función de eiron, el
doctor utili un tono cordial para desengañar al coronel, quien insistía en el buen
funcionamiento de la administración gubernamental: “No sea ingenuo, coronel dijo el
médico—. Ya nosotros estamos muy grandes para esperar al Mesías” (García Márquez, 1987,
p. 23-24).
En su intento de modificar la perspectiva del coronel, el médico empleó la cordialidad,
el tono bromista y la noción del tiempo. Al decir: “Ya nosotros estamos muy grandes para
esperar al Mesías” (García Márquez, 1987, p. 23-24), el médico atribuyó al tiempo una función
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de proveedor de sabiduría que instruía a las personas mientras pasaban por distintas pruebas de
la vida. Hizo alusión a esta característica del tiempo para incitar al coronel a adoptar una
perspectiva más realista del mundo.
La alusión a la sabiduría como producto de las experiencias vivenciales y el tono
amistoso del médico fracasaron de manera contundente. A pesar del aprecio y el respeto que el
coronel le tenía, el argumento de este sobre la disfuncionalidad de la burocracia capitalina le
pasó por alto. No prestó atención a la postura del médico y siguió esperando la carta sobre la
próxima paga de su pensión como si las palabras de su amigo nunca hubieran sido pronunciadas.
La noción platónica del eiron que desarma al alaizon resultó modificada. El médico
logró establecer una relación lógica entre la burocracia y sus incumplimientos con el fin de
cambiar la postura del coronel. El lector fue testigo de distintos argumentos y experiencias del
coronel e interpretó la sugerencia del médico como realista. Sin embargo, la intransigencia del
coronel superó la lógica del médico y la rechazó. De tal modo que la fuerza que Platón adjudicó
al eiron como portador del razonamiento fue vencida por la intransigencia del alazon, cuyo
lugar en la novela de García Márquez fue ocupado por el coronel, quien rechazó la validez de
los comentarios de su amigo y permaneció aferrado a la espera de su pensión.
En su obra Style and Form in the Short Story: The Minimalist Tradition, Alice Hall
Petry (1992, p. 80-81) describe la capacidad de un lenguaje sencillo y, a primera vista, ingenuo
de comunicar al lector mensajes ocultos. Esta visión de la información subyacente de Hall Petry
se refleja en el comentario bromista del médico sobre la necesidad de fusilar a don Sabas porque
la diabetes era demasiado lenta. El fusilamiento hipotético de don Sabas no tuvo una función
práctica en la trama de la novela, pero, viéndolo desde la perspectiva minimalista, es posible
que el lector detectara una alusión a la vida del coronel. Al sustituir a don Sabas por el coronel,
se establecería un paralelismo intrigante: el coronel permaneció aferrado a la idea de recibir su
pensión, que solo el fusilamiento hubiera podido aniquilar.
Al inicio de la novela y, a diferencia del médico, la esposa pareció engañada por el
optimismo de su esposo y dispuesta a aceptar la noción del tiempo suspendido que hacía posible
la llegada de la pensión. Ella vivió sin presentar resistencia a la actitud optimista de su esposo.
Sin embargo, la visión de la esposa cambió y el narrador compartió con el lector su desengaño.
De improviso, ella se dio cuenta de los estragos que el paso del tiempo había dejado en su
esposo: “Solo entonces advirtió cuánto había envejecido” (García Márquez, 1987, p. 12).
Este momento se transformó en un parteaguas en la postura de la esposa y en la
continuación de la narrativa. El descubrimiento de la esposa tiñó sus discursos y dejó entrever
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una previsión fatalista sobre su familia. Ella se dio cuenta de que los años pasados cambiaron
la apariencia de su esposo, mientras la precariedad de la familia y el optimismo de este
permanecieron inalterados.
En el momento en que la esposa tomó conciencia del paso del tiempo, ella asumió el
papel de eiron. Al igual que el médico, fundamentó sus comentarios en el tiempo real para
desengañar a su esposo. Sin embargo, los mensajes que dirigió a su marido no eran generales
como los del doctor. No se trató de las diversas experiencias acumuladas a lo largo de la vida
que debían haberse reflejado en la sabiduría del coronel, sino de la experiencia directamente
relacionada con el incumplimiento administrativo y la ausencia de la pensión: Se necesita tener
una paciencia de buey que tienes para esperar una carta durante quince años.” (García
Márquez, 1987, p. 37).
No solo que el mensaje de la esposa fuera más preciso que el del doctor, sino que su
tono fue desprovisto de la diplomacia y el tono amistoso. Ante la comparación del coronel con
un buey, el lector sintió que la esposa estaba desesperada por cambiar la postura de este y que
el uso de una comparación poco vistosa despertaría su atención. Empero, la comparación
indecorosa resultó tan ineficaz como la diplomacia del médico. El coronel no se inmutó y siguió
riñendo la postura de su esposa con previsiones acostumbradas sobre la llegada de su pensión.
Cuando la función de eiron de la esposa se reveló inadecuada por fallar en mostrar a su
esposo la relación entre el paso de los años y la ausencia de la carta, ella abandonó el principio
socrático basado en la gica para abordar el desengaño desde una perspectiva personal. Para
convencer al coronel que debería vender el gallo para mejorar su situación económica, ella hizo
uso de sus sentimientos y su vida pasada al lado del coronel para compararlos con las
condiciones de vida del gallo: “Toda una vida comiendo tierra para que ahora resulte que
merezco menos consideración que un gallo.” (García Márquez, 1987, p. 96).
Para desengañarlo, primero, la esposa lo comparó con un animal desprovisto de
inteligencia y, luego, contrastó su propia vida con la del gallo. Ambas comparaciones tuvieron
el propósito de despertar la duda del coronel sobre su optimismo y precipitar unos cambios en
su comportamiento para invertir la decadencia económica de su familia.
El optimismo del coronel superó ambos argumentos de su esposa. La lógica basada en
los hechos reales que Sócrates empleaba para vencer a sus adversarios tuvo eco en los
argumentos de la esposa sobre la incoherencia de las expectativas de su esposo, pero no tuvieron
ningún efecto sobre este. El razonamiento del coronel se basó en un mundo imaginario e
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independiente de las ataduras reales. De tal modo que los argumentos realistas no encontraron
cabida en su mundo imaginario.
Para oponerse a la insistencia de vender el gallo porque no tenían con qué alimentarse
ellos mismos, el coronel implementó el principio del engaño de Aldert Vrij (2008, p. 351-359)
y Timothy R. Levine (2019, p. 213-215). Según estos, el engaño consistía en la presentación
falsa de la realidad para crear una imagen errónea en la mente del sujeto engañado.
Para sustituir la postura realista de su esposa por una imagen falsa de la realidad, como
lo sugieren Vrij y Levine, el coronel utili una expresión coloquial: “dinero contante y
sonante” (García Márquez, 1987, p. 64). Empero, sustituyó el término “dinero” por el de “gallo”
para convencer a su esposa de que el ave era lo mismo que el dinero. Según el coronel, en un
par de meses, el gallo sería una fuente de ingresos: “Es un gallo contante y sonante […] Nos
dará de comer tres años(García Márquez, 1987, p. 64). No solo el coronel anticipó un auge
económico de su familia gracias al gallo, sino que pudo estipular con precisión el número de
años, en términos de comida, que les proporcionarían las ganancias surgidas de las peleas de su
ave.
Las previsiones con detalles medibles, como el número de años de seguridad
alimenticia, se revelaron más convincentes para el coronel que para su esposa. Este olvidó que
el gallo estaba a punto de desfallecer porque, en una ocasión, no le habían dado de comer
durante dos días; que existía la posibilidad de que el gallo perdiera una pelea y resultara
discapacitado para nuevos duelos; que los jóvenes lo habían recogido sin permiso ni supervisión
del coronel para arriesgarlo en peleas insignificantes, entre otros inconvenientes que se
presentaron. El coronel llegó a conclusiones opuestas a las de su esposa porque sus previsiones
no encontraron impedimentos reales, sino soluciones idealistas. La esposa no cesó de pensar en
la austeridad y la enfermedad en las que vivían, mientras su esposo veía el futuro desprovisto
de dificultades y colmado de ganancias. Sus maneras de ver el despliegue del tiempo y el
impacto de este sobre sus vidas eran irreconciliables y los argumentos de la esposa, ineficaces.
Al enfrentarse con su abogado para pedirle la resolución de su caso relacionado con la
pensión, el coronel utilizó el tiempo al igual que sus contrincantes: el médico y la esposa. Sin
embargo, a diferencia de los argumentos de estos, el tiempo que el coronel manejó no era un
impedimento para la llegada de su pensión, sino el garante de esta. Para lograrlo, el coronel se
refirió a los momentos históricos que han marcado el destino de su país y, según él, asegurado
su solvencia familiar. Hizo hincapié en la firma de un héroe nacional que tuvo lugar hacía
sesenta años. El coronel se aferró a esta firma como garante del pago de las pensiones de los
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soldados como él, que arriesgaron sus vidas por la patria: “Hay un recibo de su puño y letra del
coronel Aureliano Buendía” (García Márquez, 1987, p. 43).
El tiempo del coronel permaneció fijo en el instante de la firma del documento y le
sirvió de punto de referencia administrativo y jurídico. El recuerdo de aquel momento mantuvo
convencido al coronel de la llegada inminente de la pensión. Después de todo, fue aprobada y
garantizada por el “puño y letra del coronel Aureliano Buendía”, aseguró el coronel (García
Márquez, 1987, p. 43).
Al referirse a esta firma y a los momentos históricos, el coronel invirtió su papel de
alazon por el de eiron. Ahora, él pareció fundamentar su argumentación en hechos concretos y
comprobables. El médico y la esposa parecían valorar el paso del tiempo y sus consecuencias
como variables adversas a la validez de algunas promesas gubernamentales, mientras que el
coronel se transformó en un conocedor y un testigo de los hechos históricos con los que justificó
su esperanza. En esta ocasión, el coronel pareció desempeñar el papel de una persona sabia
cuya argumentación se basó en hechos reales, así como Platón definió la naturaleza del eiron
(Vallart, 1994, p. 39-59).
Al igual que el médico y la esposa, el abogado se aferró a la realidad e intentó
desengañar al coronel haciendo referencia a la posibilidad o la probabilidad de que aquellos
documentos de gran valor histórico y administrativo acaso ya no estuvieran en su lugar debido
a la rotación de los empleados gubernamentales. De tal modo que el abogado utilizó el tiempo
transcurrido para señalar que los documentos ya no estaban a disposición del coronel ni del
público en general. Así, retomó el concepto de la improbabilidad de la llegada de la pensión
por el paso del tiempo.
El coronel descalificó la pérdida de documentos implementando la noción del engaño
de Aldert Vrij (2008, p. 245-263). Según este teórico, el embaucador hace referencia a la ética
para encubrir sus engaños. Siguiendo esta metodología, el coronel enarboló los fundamentos
éticos e idealistas de los administradores para descalificar el uso indebido o la pérdida de los
documentos. Subrayó el deber de los funcionarios gubernamentales de cuidar los documentos
históricos y aseguró al abogado que el cumplimiento de este deber era una práctica común. Así,
la pérdida de los documentos se volvió imposible, según el coronel:
-Pero nadie pudo llevarse los documentos para su casa -dijo el coronel-. Cada
nuevo funcionario debió encontrarlos en su sitio. El abogado se desesperó.
(García Márquez, 1987, p. 44).
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La desesperación del abogado es una muestra de la transición del papel de alazon al de
eiron por parte del coronel. Así como Sócrates llevaba a la desesperación y la resignación a sus
adversarios (Vallart, 1994, p. 39-59), el coronel desorientó al abogado. Los argumentos basados
en la inviolabilidad de los documentos oficiales y su presencia en el ministerio quebrantaron el
aplomo del abogado. Por un momento, el coronel tuvo el control de la querella y lució las
características de un eiron que se fundamentaban en el razonamiento, mientras el abogado
titubeó y se desesperó por la falta de contraargumentos frente a las insistencias de su cliente.
Autoengaños y la ironía de lo absurdo
Para oponerse a las nociones del tiempo real y al negativismo de su entorno, el coronel
utilizó algunos argumentos poco convincentes para mantener sus propias expectativas de un
desenlace positivo. En una ocasión, abordó al administrador de correos con la certeza sobre la
llegada de la carta: “Tenía que llegarme hoy con seguridad” (García Márquez, 1987, p. 62).
Ante esta afirmación, el lector quedó con la duda sobre el estado mental del coronel: ¿estuvo
consciente de la discrepancia entre el significado de su aseveración y los hechos reales?
Esta discrepancia recuerda las perspectivas de Kierkegaard y Booth en sus obras
respectivas The Concept of Irony, with constant references to Socrates (1968, p. 290-322) y
Rhetoric of Irony (1974, p. 144-146). El primero enfatizó la cancelación de la realidad y la
creación de una nueva, mientras el segundo elaboró detalladamente y con ejemplos la
contradicción de hechos como fundamento de la ironía. Para que la ironía cobre sentido, ambos
críticos consideraron directa o indirectamente que la presencia de dos nociones opuestas era
necesaria.
Durante la lectura de El coronel no tiene quien le escriba, el lector no estuvo seguro si
el coronel estaba consciente de las contradicciones que conllevaban las afirmaciones que dirigió
al administrador de correos. Es verosímil que mentalmente el coronel cancelara la posibilidad
de que la carta nunca llegaría y para combatir tal desdicha imaginó su presencia en cada paquete
de remesas que el barco de correos traía al puerto. La seguridad con la que el coronel abordó al
empleado de correos reprodujo la convicción con la que había rechazado las advertencias y los
reproches de su esposa, el médico y el abogado.
Como el coronel no tenía a nadie que lo apoyara en sus previsiones optimistas, buscó
de manera inconsciente el apoyo en las cosas reales e imaginarias para mantener vivas sus
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esperanzas. Según el estudio de Robert Trivers y su obra clave The Folly of Fools: The Logic
of Deceit and Self-Deception in Human Life (2011, p. 197-201), el autoengaño se manifiesta de
manera inconsciente. La persona se crea una imagen de su situación o su entorno que no
corresponden a la realidad sino a sus deseos y expectativas.
Regresando a su casa, con el gallo en las manos, el coronel se sintió acompañado por el
jolgorio del palenque, que llenó sus oídos con los sonidos del auditorio y lo predispuso a
imaginar el día en el que su gallo sería victorioso. Este comportamiento del coronel recuerda la
teoría de Kierkegaard, quien ha contemplado la creación irónica a través de la cancelación de
la realidad para permitir al sujeto irónico crear una nueva realidad que le propiciaría la felicidad
y el bienestar.
Los estudios sobre el autoengaño de Robert Trivers y la creación irónica de Kierkegaard
se manifestaron en el comportamiento del coronel. Aturdido por los ruidos del palenque, este
hizo caso omiso de las penurias de su vida y de las riñas con su esposa. Su imaginación lo ubicó
en el momento idóneo: la victoria de su gallo. Incluso, en un momento de desesperación, ante
las reprimendas de su esposa, el coronel le respondió que la victoria del gallo sería una gran
alegría para su hijo Agustín, que había sido asesinado recientemente: “Es por Agustín […]
Imagínate la cara con que hubiera venido a comunicarnos la victoria” (García Márquez, 1987,
p. 49-50).
De este modo, el coronel creaba escenarios fabulosos, dignos de la teoría de
Kierkegaard, que contrastaban con su situación real. La felicidad surgida de la imaginación
tuvo tal efecto sobre el coronel que este visualizó la cara emocionada de su hijo tras la victoria
del gallo. Su capacidad de transformar la realidad le permitió plasmar el momento de felicidad
en un pasado inexistente —“hubiera venido”— y disfrutar en el presente de enunciación la
alegría de su hijo. De tal suerte que su imaginación venció la muerte del hijo, la adversidad de
la esposa y la situación precaria de su familia.
La función del gallo se asemejó a la de la carta que traería las buenas noticias sobre su
pensión. El primero era real, un ave que el coronel cuidaba mal que bien, mientras que la carta
era un producto de su imaginación. Sin embargo, ambos elementos proveyeron al coronel del
optimismo necesario para reñir contra el malestar ocasionado por su situación.
Bajo la presión de los comentarios adversos de su esposa y sus amigos, el mundo
imaginario del coronel vaciló en algunas ocasiones, y este se sintió acorralado y desarmado. La
lógica de sus contrincantes pareció vencer la fuerza del autoengaño y de la imaginación. Para
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que el mundo tuviera sentido y él una razón de existir, la esperanza de recibir la carta era
indispensable.
El narrador reveló la necesidad del coronel de creer en la carta imaginaria: “Pero en
realidad estaba apenas sostenido por la esperanza de la carta” (García Márquez, 1987, p. 49).
Para que esta siguiera existiendo, la mente del coronel se apoyó en las nociones de la ironía de
lo absurdo que Booth definió como horror vacui (1974, p. 211). Este crítico canadiense se
inspiró en las obras de Samuel Beckett, particularmente en Watt (1973) y L’innommable (1972),
para analizar la incoherencia y la opacidad en la creación de un ámbito sin referencias concretas.
Cuando el abogado insistió en la improbabilidad de encontrar los documentos firmados
por el coronel Aureliano Buendía, el coronel aplicó el principio de horror vacui de Booth. El
tiempo real que el abogado describió como lleno de eventos que pusieron en duda la
subsistencia de los documentos se transformó, en la voz del coronel, en una ironía de lo absurdo:
“No importa. El que espera lo mucho espera lo poco” (García Márquez, 1987, p. 44).
Así, el tiempo real perdió su textura y su nueva versión se filtró en la narrativa. En esta,
lo mucho y lo poco se confundieron. La referencia del coronel al momento en el que llegaría la
carta resultó fuera del alcance de la comprensión del abogado y del lector. Una leve alusión a
la prontitud con la que esta llegaría fue anunciada con el término “lo poco”, pero lo poco se
confundió con “lo mucho”.
No había indicios de que en poco tiempo ocurriría lo que no había sido realizado durante
años de espera. Sin embargo, implementando la noción de imprecisión temporal y cuantitativa
de la ironía de lo absurdo de Booth, el coronel logró transformar un largo lapso de espera en
uno corto que lo separaría de la realización de su sueño. Saliendo de los parámetros de la lógica
cartesiana, el coronel desorientó al abogado, quien falló en encontrar los contraargumentos para
oponerse a la lógica de lo absurdo del coronel.
La confusión temporal relacionada con lo mucho y lo poco también se presentó en la
conversación del coronel con su esposa. De nuevo, este concluyó que lo mucho se transformaría
en lo poco.
-Ya falta poco para que venga la pensión -dijo el coronel.
-Estás diciendo lo mismo desde hace quince años.
-Por eso -dijo el coronel-. Ya no puede demorar mucho más (García Márquez,
1987, p. 94).
El coronel manifestó su capacidad de manejar el tiempo según sus necesidades. En
algunas ocasiones, el tiempo resultó inmovilizado y, en otras, comprimido para acercarse al
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momento deseado. La excesiva extensión temporal de la espera fue la base del escepticismo de
sus contrincantes, y el coronel la redujo a la nada o a lo poco haciendo uso de la ironía de lo
absurdo de Booth, la creación irónica de Kierkegaard y la implementación del autoengaño de
Trivers. Estas visiones de lo real y lo imaginario permitieron al coronel manipular los hechos
según sus necesidades.
La implementación de lo absurdo en la estimación del tiempo que separaba al coronel
de los momentos gratificantes, como la victoria del gallo y la llegada de la carta, se combinó
con el silencio y el sueño. Estos sirvieron de herramientas complementarias para evadir las
incriminaciones y los contraargumentos de su esposa, que se intensificaron en el cierre de la
novela: “Él no encontró la voz para responder. Al primer canto del gallo tropezó con la realidad,
pero volvió a hundirse en un sueño denso, seguro, sin remordimientos” (García Márquez, 1987,
p. 94).
Al informar al lector que el coronel “tropezó con la realidad”, el narrador reconoció la
ilusión del coronel y la intransigencia de la realidad. Así, el narrador tomó el lado de la esposa,
mientras el coronel utilizó la irrealidad del sueño para superar la avalancha de comentarios
realistas sobre la llegada de su pensión. De tal modo que la función del sueño coincidió con la
noción del autoengaño. Ambos contribuyeron a la modificación de la realidad y a la creación
de un ámbito, si no ideal, por lo menos tolerable.
Al hundirse de nuevo en el sueño, el narrador comentó que este ofreció al coronel un
espacio “sin remordimientos” (García Márquez, 1987, p. 94). El lector debió preguntarse qué
sentimientos prevalecieron en la vida despierta del coronel si el sueño ofreció un ámbito libre
de remordimientos. En el contraste entre el sueño y la vigilia, lo real y lo irreal, se asomó la
posibilidad de una culpabilidad no expresada del coronel por la miseria en la que vivían. En
este comentario del narrador, se entrevió la posibilidad de que la culpabilidad fuera un motivo
adicional para la esperanza sin límites ni lógica del coronel.
Consideraciones finales
Los mundos real y afectivo del coronel han estado repletos de adversidades a las que
este se opuso con la ilusión, el autoengaño, el silencio y el sueño. Estos cuatro subterfugios
permitieron al coronel alterar la realidad a través de la modificación y la cancelación. También
emprendió la creación de su propio mundo cuando la realidad no se sometía a sus ajustes.
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Gracias a estas alteraciones y sustituciones, el coronel ha logrado hacer caso omiso de las
sugerencias y exigencias de su entorno para permanecer sumergido en el mundo de esperanzas
e ilusiones.
En el capítulo “Dramatic Irony: The Foreknowledge Dimension” de The Compass of
Irony, Muecke explora la discrepancia entre el conocimiento del protagonista de su situación y
el conocimiento del lector del lugar que el protagonista ocupa en la trama (1969: 82-98).
Muecke subraya la superioridad del conocimiento del lector quien evalúa la situación con más
acierto que el protagonista mismo. Así, la narrativa se enriquece con dos distintas perspectivas
que intensifican la experiencia lectora.
La teoría de la ironía dramática de Muecke se reflejó en la novela de Gabriel García
Márquez gracias a las distintas percepciones del coronel y el lector. La mente del coronel
permaneció impermeable a las explicaciones y las sugerencias de su esposa, el abogado y el
médico, de tal modo que este permaneció autosuficiente en su mundo compuesto de ilusiones
y rechazó todo intento del mundo externo por alterar sus convicciones. Por otro lado, el lector
ha ocupado un privilegiado lugar de observador que le ha permitido considerar las perspectivas
de ambos lados.
Al seguir la trama, el lector ha coincidido con los contrincantes del coronel quienes le
parecieron tener una visión mucho más completa y realista que la del coronel mismo. Así, no
solo que el lector tuvo una visión más completa de la realidad que el coronel, como lo estipuló
Muecke en su teoría, sino que el conjunto de los protagonistas y el lector estaban mejor
informados y tenían una mejor perspectiva de la situación del coronel que este mismo.
En el capítulo “Dramatic Irony and Tragic Tensionde Irony, Colebrook (2004, p. 151-
172) explica que la diferencia entre las perspectivas del protagonista y el lector crea una tensión
trágica que intensifica la experiencia del lector. Este permanece “condenado” a prever los
eventos que están por acontecer sin poder alterarlos, mientras el protagonista permanece
condenado a la ingenuidad o la irrealidad de su visión.
El lector de El coronel no tiene quien le escriba, junto con los protagonistas de la novela,
contemplaron los vanos intentos del coronel de cancelar el tiempo transcurrido entre las
promesas gubernamentales sobre su pensión y el momento de enunciación. La tensión trágica
invadió a los conocedores de la realidad, mientras el coronel se tambaleaba, evadía enfrentar
los hechos y vivía de ilusiones. Aunque los lectores anticiparon el fracaso del coronel en sus
esfuerzos por batir un mundo ideal sobre las ilusiones, una dolorosa e irreal esperanza se filtró
en su lectura y la volvió más intensa. Esta esperanza sin fundamentos del lector se asemejó a la
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ironía del absurdo de Booth que permitió al coronel confundir lo mucho con lo poco cuando se
trataba de sopesar el tiempo transcurrido de espera y el tiempo estimado de la ilusoria llegada
de su pensión.
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R e c o n o ci mi e nt os : N o .
Fi n a n ci a ci ó n : N o .
C o nfli ct os d e i nt e r es es : N o h u b o ni n g ú n c o nfli ct o d e i nt er es es.
A p r o b a ci ó n éti c a : N o f u e n e c es ari o o bt e n er l a a pr o b a ci ó n éti c a .
Dis p o ni bili d a d d e d at os y m at e ri al : Sí .
C o nt ri b ui ç õ es d os a ut o r es : El a ut or es r es p o ns a bl e d e t o d a l a el a b or a ci ó n d el artí c ul o .
P r o c es a mi e nt o y m a q u et a ci ó n: E dit o r a I b e r o -A m e ri c a n a d e E d u c a ç ã o
R e visi ó n, f or m at o y n or m ali z a ci ó n