Anísio Teixeira: La educación como base de la democracia.
RPGE – Revista on line de Política e Gestão Educacional, Araraquara, v. 30, n. 00, e026005, 2026. e-ISSN: 1519-9029
DOI: 10.22633/rpge.v30i00.21010 8
Es en este contexto que la educación escolar adquiere una importancia sin precedentes en este
proceso de formación humana voluntaria. Y, precisamente por ello, constituye un problema
público, un interés público, un derecho de cada individuo y un deber de la sociedad
políticamente organizada. No se trata de una cuestión de ventaja ni de éxito individual, sino de
la condición misma para el funcionamiento de la sociedad, según el tipo político que adopte.
(Teixeira, 1968, p. 31, traducción nuestra)
Las sociedades democráticas y sus escuelas tendrán, por lo tanto, la difícil tarea de
inculcar en sus individuos valores complejos, sofisticados y posiblemente antinaturales, según
Teixeira (1968, p. 32, traducción nuestra): «el espíritu de objetividad, tolerancia, investigación,
ciencia, confianza y amor por la humanidad, y la aceptación y el uso de lo nuevo —que la
ciencia trae a cada momento— con un sentido humano amplio y generoso». La complejidad de
la sociedad pluralista se evidencia en dos hechos. Primero, la comprensión de que no existe tal
cosa como la llamada naturaleza individual del hombre. En esta sociedad, la naturaleza es social
y, en consecuencia, la experiencia de los individuos en cada sociedad se caracterizará por
actitudes de mayor o menor adaptación e integración. Otra característica de la sociedad moderna
es que las relaciones han cambiado y ya no se establecen entre hombres y hombres, conocidos
y extraños, amigos y enemigos, sino, según Teixeira (1968, p. 33, traducción nuestra), «entre el
hombre y las organizaciones, y en niveles tan diversos que la persona humana, la persona social,
se siente múltiple, diversa, dividida, lo que dificulta mucho más mantener la antigua integridad,
ese antiguo “carácter”, que era su mayor orgullo». ¿Cómo unir a los individuos que ahora viven
en una sociedad contractual? Surgen nuevos problemas para la organización social en la nueva
sociedad democrática.
La educación y la tarea de formar la nueva sociedad democrática.
La educación se enfrenta a un gran desafío. ¿Cómo preparar a los individuos para vivir
en esta sociedad tan grande e impersonal? ¿Cómo educarlos para superar los conflictos? ¿Cómo
motivarlos para desarrollar su potencial individual y, aun así, ser servidores de la sociedad?
Países como Estados Unidos han extendido la educación obligatoria hasta los dieciocho años;
sin embargo, según Teixeira (1968, p. 34, traducción nuestra), simplemente aumentar el número
de años no sería suficiente, «porque no se trata solo de extenderla, sino de reconstruirla, de darle
un nuevo significado, de descubrir formas y medios de enseñar lo que aún no se ha enseñado,
es decir, a pensar con certeza, precisión y visión». Por lo tanto, los Estados deberán otorgar el