
Escritura reflexiva y literacidad de los maestros de educación básica: la (in)existencia de políticas institucionales para la práctica
lingüística
RPGE – Revista on line de Política e Gestão Educacional, Araraquara, v. 30, n. 00, e026063, 2026. e-ISSN: 1519-9029
DOI: 10.22633/rpge.v30i00.21026 6
Según Halliday y Hasan (2006), pensar la LL implica considerar el texto como un
instrumento fluido. En otras palabras, aunque la escritura posee normas preestablecidas, cobra
vida cuando la entendemos como un instrumento sociosemiótico, es decir, como una
representación de un contexto y una función social específicos.
En otras palabras, la práctica de la literacidad “se refiere a diferentes estrategias para
conceptualizar y organizar las prácticas escritas, y los roles que invocan el lector y el escritor
4
”
(Mccabe & Whittaker, 2006, p. 5).
Considerando la Figura 1, la comprensión textual es fundamental para la comprensión
funcional de la escritura de un texto determinado. Esto significa que el primer paso debe ser
familiarizarse con la función del género textual que se va a producir, ya que las elecciones
léxico-gramaticales deben reflejar aspectos abstractos de las relaciones sociales, como la
intencionalidad y la practicidad del texto que se va a escribir (Martin & White, 2005).
En este contexto, considerar la escritura reflexiva de los maestros de primaria se vuelve
complejo. Esto se debe a que, en el ámbito escolar, los docentes se enfrentan a diversas
exigencias que, en última instancia, implican la adopción de ciertas características y opciones.
Esto puede reducir la práctica de la reflexión en su escritura, ya sea porque estas producciones
se reducen a la burocratización escolar o porque el docente se ve sobrecargado con funciones
que no necesariamente fomentan su pensamiento crítico (Pereira & Moreira, 2024).
La segunda estratificación, la producción de significado, es el principio de construcción
semántica por parte de los participantes involucrados en prácticas sociales concretas.
Caracteriza la producción de significados por parte del usuario del lenguaje a partir de lo que
se encuentra fuera del texto escrito, pero que termina influyendo en las elecciones léxico-
gramaticales (McCabe & Whittaker, 2006).
La tercera estratificación, la funcionalidad, parte de la premisa de que una persona es
capaz de construir significado a partir de la movilización de marcadores lingüísticos. Estos
marcadores, a su vez, acaban materializando cuestiones discursivas que operan en el plano
abstracto de las relaciones, como los deseos e intenciones del usuario del lenguaje (Halliday &
Hasan, 2006; McCabe & Whittaker, 2006).
Con respecto a LL, Eggins (2004, p. 3) argumenta que:
el enfoque sistémico del lenguaje es funcional en dos aspectos principales:
4
En el original: “Literacy refers to different strategies for conceptualising, organisind and communities in which
they are written, and the roles of reader and writer that they invoke” (Mccabe & Whittaker, 2006, p. 5).